Letras muertas

“…no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento; que vuestro sí, sea sí; y vuestro no, sea no…” Santiago 5: 12

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Muy triste es el estado de postración moral en que ha caído gran parte de la nación, lo cual a decir verdad, va ligado a la desobediencia y burla de los dictados de juramentos, leyes y normas que no son más que letras muertas que no trascienden o se reflejan convertidas en buenas acciones. “No hay quien haga lo bueno. No hay ni siquiera uno”.

El irrespeto va desde el mismo momento en que al servidor público de cierto rango y responsabilidad con la estructura del Estado y el gobierno se le toma juramento invocando el nombre de Dios y la Patria; Dios y Patria a quienes por no conocer ni mucho menos querer lo primero que de seguro hará el flamante juramentado será desobedecer e irrespetar.

¿O es que acaso no es cierto que cansados estamos de oír de dignatarios que al posesionarse juran ante Dios y la Patria cumplir fiel y legalmente la Constitución y las leyes, y después, no pasado mucho tiempo, los vemos envueltos en los más asombrosos escándalos de corrupción? Entonces, letra muerta fue su juramento.

¿Y qué decir de las hoy pisoteadas, y para algunos, anacrónicas y pasadas de moda Normas de Urbanidad y Buenas Maneras que redactó y nos dejó el caraqueño Manuel Antonio Carreño y que se enseñaban no sólo en las escuelas sino también en el hogar y que hoy, lastimosamente, no son más que un compendio de letras muertas, y una reliquia que duerme en polvorientos anaqueles de hogares y bibliotecas?

Aunque el Nuevo Código de Policía pretenda, con sanciones, procurar la implantación de reglas de sana y pacífica convivencia; difícil será su aplicabilidad y difíciles serán sus frutos si no se retoma la enseñanza de principios y valores desde el hogar y desde el mismo momento en que se inicia la formación educativa de los ciudadanos en las escuelas.

Difícil es hoy en día ver buenos comportamientos en la mesa, o en el bus, o en las oficinas, o en almacenes, etc.

Hoy lo mismo le da a un transeúnte expeler bocanadas de humo de cigarrillo en su tránsito por congestionadas calles que ir bien pertrechado de opíparas viandas y arrojar, sin inmutarse, bolsas y envases en cualquier lugar de la vía pública.

Retomando los hipócritas juramentos de posesión, bueno sería agregarle a los mismos que el personaje que asume, por lo menos, jure que no se robará los recursos públicos que se le confíen para su manejo, ni recibirá soborno, ni pedirá dinero por contratos o servicios, ni amañará contrataciones, licitaciones o vinculaciones, y que de hacerlo, se constituyan en elementos o pruebas que sirvan para auto incriminarse. Con esto, podríamos conformarnos, mientras tanto.

Álvaro Morales / Escritor