¿Por quién vota la gente?

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Estamos a escasos once meses de la elección de Congresistas, y como en las demás elecciones, las de alcaldes, gobernadores y miembros de Corporaciones Públicas, vale la preguntarse ¿por quién vota la gente? O lo que a la larga podría ser lo mismo ¿cómo se hacen elegir los diferentes candidatos?

Comenzando por lo segundo, sabida es de sobra la forma como la mayoría de los candidatos que aspiran a ser elegidos urden sus esquemas y tramas para asegurarse los votos suficientes que le garanticen el triunfo en sus aspiraciones; lo que no es otra cosa que maquinar acuerdos con otros aspirantes, con servidores públicos de su resorte, empresarios, o con los llamados lideres barriales. Nada de esto es nuevo. Es el enviciado esquema.

Pero continuemos con la primera pregunta, ¿por quién vota la gente? Sencillo, la mayoría de la gente vota por aquel que le alimente la esperanza de darle solución a sus problemas, o por lo menos mitigarlos, o en muchos de los casos, por aquel que con precariedades en el transcurrir de la campaña le soluciona con migajas sus más apremiantes necesidades.

También vota la gente por aquel candidato que de manera romántica, y hasta irresponsable, y solo con el ánimo de captar adeptos, promete sin argumentos, estudios, ni planes específicos, resolver los problemas que más agobian o impactan negativamente en la ciudadanía.

Muchos votan porque depositan sus esperanzas en los candidatos. Candidatos que firman pactos de transparencia. Que juran y perjuran resolver la inseguridad, el pandillismo, el robo, el atraco, el fleteo, el homicidio. Candidatos que aseguran resolver el déficit de vivienda y hasta acabar con el “paseo de la muerte”.

Y qué decir de los que votan porque su candidato que en campaña se compromete y hasta se abraza con la informalidad y la ilicitud, la cual va desde el transporte ilegal, la ocupación del espacio público; la usurpación de playas y los estridentes negocios no importando si estos violan o no las normas que permiten su funcionamiento.

Para el sufragante, y para el candidato todo vale. Es campaña y para el votante sólo importan las esperanzas o los donativos que recibe; y para el aspirante, solo importan los votos.

Lo que sí es absolutamente cierto es que muy pocos son los que votan por programas, proyectos, iniciativas componentes de planes de gobierno, porque, entre otras cosas, casi ningún postulante hace mención de ellos.

El círculo, se repetirá. Vendrán las decepciones; y con ellas, las encuestas descalificadoras de aquel que alcanzó el triunfo alimentando falsas expectativas y promesas que no dimensionó para poder cumplirlas.

Pero como las olas del mar, las elecciones vendrán, se irán y regresarán; y volverá el pueblo incauto a caer en las garras de candidatos que nutren sus discursos con el dolor de las necesidades de sus sufragantes. Y se repetirán las decepciones.

Álvaro Morales / Escritor
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