Tropeles animalistas

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Legos y doctos opinan sobre la materia. Algunos, irresponsablemente, incursionan en ella y hasta ejercen como ejecutores. Me refiero a todos aquellos, naturales, corporativos o gubernamentales, que de una u otra forma manifiestan y hasta dicen experimentar amor y respeto por los animales.

Si sabio es el milenario Proverbio bíblico que “El justo cuida a sus animales, pero el perverso es cruel con ellos”; también lo es el de Mahatma Gandhi que “Se puede juzgar la grandeza de una nación y su progreso moral por la forma en que trata su animales”.

Hay en Colombia, aunada a estos preceptos, toda una juiciosa legislación y compendio de normas que procurando el bienestar, el amor y el respeto por los animales no ha logrado del todo su objetivo.
Debates van, opiniones vienen, todos opinan; y de lo que nos podemos percatar es que pocos son los logros en el empeño de gobierno y particulares por mejorar la calidad de vida de los animales, sobre todo, los deambulantes, desamparados, o callejeros.

Parece que en la rebatiña por los recursos que se destinan para estas causas, así como en la desorganización, la falta de autoridad y planeación, así como en los errados y hasta ilegales procedimientos gubernamentales se encuentran las razones del por qué han fracasado gran parte de las acciones orientadas para este propósito.

No hay razones para que el distrito de Cartagena siga teniendo el control total de las partidas, planes, proyectos y ejecutorias contra el maltrato y defensa de animales cuando existe un organismo, la Junta Defensora de Animales del Distrito de Cartagena, de carácter oficial, creado por el ente territorial y conformado por miembros del gobierno local y representantes de veterinarios, organizaciones cívicas y asociaciones defensoras de animales que es la institución llamada y establecida para orientar y ejecutar toda la política encaminada al bienestar de los animales en el distrito de Cartagena.

Este desenfoque distrital es el causante del tropel existente entre gobierno y organizaciones de particulares que expresan afecto y esfuerzo por evitar el maltrato contra los animales; máxime cuando los recursos financieros para tal acción son controlados y direccionados de manera equivocada por el Distrito y no por su Junta Defensora de Animales, que es la organización oficial creada con base en las leyes de la República para tal fin.

Aspectos para revisar de manera urgente por parte de esta Junta son los recurrentes procedimientos asistencialistas y paternalistas que presta el gobierno distrital a caballos cocheros que prestan el particular servicio turístico en la ciudad. A propietarios de estos animales debe es practicárseles minuciosos controles en cuanto a aspectos zootécnicos y sanitarios de sus animales y así se evitarían los vergonzosos desplomes. Debe igualmente optar por una definitiva política de control de natalidad con los animales desamparados así como con los cuestionados albergues para su depósito; y por último, ser celoso vigilante de la correcta inversión de los recursos.

Álvaro Morales / Escritor
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