Vilezas de gobierno

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Vil es aquel que actúa con impiedad, indigno, despreciable, canalla, ruin, alevoso e infame. Así define el Diccionario de la Lengua Española a los que se comportan con vileza, a los viles.

Indiscutiblemente, muchas de las decisiones que toman los gobernantes son acciones viles e infames ligadas casi siempre a las prácticas de corrupción. Larga sería la lista de enumerar tales acciones. Todos los niveles de regencia están contaminados con este proceder.

Álvaro Morales / Escritor

Prometerle a los pensionados que el descuento de sus aportes para el sistema de seguridad social en salud ya no sería del doce por ciento sino del cuatro, y no cumplirles, es acto de vileza.

Favorecer a potentados ganaderos y reinas de belleza entregándoles recursos financieros del Estado reservados para el fomento de la pequeña y mediana actividad agropecuaria, es infamia.

Derrochar gruesas sumas de dinero del erario departamental en grandes festines en los que se deleitan y desfilan los “señoritos” de la desvergonzada élite política, mientras nuestros coterráneos de Zipacoa consumen agua de pozas y la mayoría de los municipios de Bolívar no cuentan con el potable líquido ni con saneamiento básico, es bellaquería.

Abrir las arcas del Banco Agrario para ponerlas a disposición y favorecer a filiales de la corrupta Odebrecht mientras al labriego y pequeño productor del agro colombiano se le impone toda suerte de obstáculos y requisitos para un minúsculo crédito, es acción ignominiosa.

Ocultar el desfalco a los sagrados recursos de la salud como el perpetrado a los programas de atención a los hemofílicos y enfermedades catastróficas, en el departamento de Bolívar; así como ocultar la continua sustracción de medicamentos de alto costo; es ruindad.

Preferir a deportistas foráneos invirtiéndoles cuantiosas sumas de dinero del erario departamental bolivarense desconociendo a los nativos y “pasándose por la faja” la destinación de los recursos financieros orientados al fomento de la actividad del músculo, es ser indigno.

Pisotear y mancillar la historia de la ciudad, de Cartagena, destinando el emblemático, insigne y representativo Palacio de la Proclamación para un presunto Centro de Artes, es villanía.

Negarle derechos y prestaciones laborales prometidas a las casi 60 mil Madres Comunitarias que cada día entregan un pedazo de su vida atendiendo a más de un millón de niños pobres de Colombia mientras se autorizan 28 millones de pesos como salario a los Congresistas, 38 veces más que lo que gana un asalariado del mínimo, es impiedad.

Prometer a los labriegos de la campiña bolivarense más recursos, más apoyo tecnológico y científico, y más acompañamiento empresarial a sus actividades extractivas y no cumplirles, es una verdadera canallada.

Permitir que se apropiaran y dilapidaran los recursos financieros que se destinaban e ingresaban al Hospital Universitario del Caribe a favor de corruptos politiqueros contratistas y después decir no saber nada de lo que ocurría, es también una acción vil contra el pueblo que se dice gobernar.

Y por último, la mayor de las vilezas es elegirse con dineros de la corrupción, el narcotráfico y los sobornos.

 

Por: Alvaro Morales

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